"Nos han regalado la vida"

Dos trasplantados de corazón guipuzcoanos cuentan su experiencia y animan a la gente a hacerse donante de órganos, un gesto que "no cuesta nada, pero que significa mucho".

Un latido distinto mantiene las vidas de Manuel Arruti y de Luis Balenciaga. A Manuel, donostiarra de 63 años, un ataque al corazón le sorprendió en su casa un 15 de septiembre de 2002. Fue la fecha en la que empezó una dura contrarreloj hacia la vida, que culminó con éxito nueve meses después, con un trasplante de corazón que le devolvió la existencia. El nuevo corazón de Luis empezó a funcionar varios años antes, el 11 de agosto de 1993. Trece años después, este azkoitiarra afincado en Lasarte se felicita por ser uno de los primeros trasplantados de corazón de Gipuzkoa. "Por entonces moría mucha gente. Yo tuve la suerte de sobrevivir. Y aquí estoy, con un corazón que también empieza a hacerse viejo".

Ahora ambos comparten su experiencia en la asociación Atcore, de enfermos y trasplantados de corazón y pulmón de Euskadi, que celebra hasta el próximo domingo la Semana del Corazón, coincidiendo con el aniversario del primer trasplante de este órgano, realizado por el doctor Barnard en 1967.

"Al otro barrio"

"Me dieron dos meses de vida", recuerda Luis, que ahora tiene 63 años. "Yo llegué al hospital muy mal. Durante dos años había estado aguantando muchos dolores. Al final no podía ni dormir. No me dio ningún infarto. Mi problema es que tenía la caja -torácica- más grande de lo debido. 'Si no te operas, en dos meses te vas al otro barrio', me dijeron los médicos". Y ese tiempo tardó en llegar el trasplante.

"Los días anteriores estaba medio muerto, sin andar, ni dormir. No tenía fuerzas para hacer nada", continúa. El día de la operación lo tiene guardado en su memoria. "Fue el 11 de agosto de 1993. Pensaba que me iba al otro mundo. Quién diga que no pasa miedo, miente. Yo entré al quirófano llorando. Por entonces, los médicos no daban tantas esperanzas de vida". Pero asombrosamente Luis salió adelante. Diez días después ya estaba en casa, con un órgano nuevo que su cuerpo no rechazó. Así, hasta hoy. "Y que dure. Los médicos ya me han dicho que del corazón no me muero".

Dos meses en la UVI

"Mi caso no se parece en nada", desvela Manuel. Cuenta con mucho humor -"si no nos lo tomamos a buenas..."- que un domingo se quedó "seco como un bacalao". "Me dio un infarto muy fuerte. Estaba con mi mujer pasando el fin de semana en una casa que tenemos en el monte. La ambulancia me trasladó a la Clínica de La Asunción de Tolosa, porque según me ha contado mi familia, los sanitarios dijeron que a Donostia no llegaba con vida". Allí le practicaron un cateterismo y le derivaron a Policlínica Gipuzkoa, donde estuvo ingresado un mes en la UVI. Luego le trasladaron al Hospital de Valdecilla, en Santander, donde pasó otro mes ingresado, hasta que le mandaron a casa.

"Me dieron el alta para unos días, por si podía mejorar más. No estaba en condiciones para someterme a un trasplante. No podía ni andar tres metros. Recuerdo que quedaba con mis amigos en el Kursaal y sólo podía caminar del cubo pequeño al grande". El día de Reyes volvió al centro hospitalario y la víspera de San Sebastián regresó a casa. "Los médicos me pusieron en lista de espera para ser trasplantado de corazón".

A Manuel el trasplante le sonaba a "ciencia ficción". "Se oía hablar de trasplantes de riñón, pero el de corazón...". La espera se hizo larga y muy dura, hasta que la noche del 9 de junio de 2003 recibió una llamada: "'Tenemos un corazón para ti' me dijeron. Una ambulancia me vino a recoger y al cabo de tres horas ya estaba en quirófano, en Santander". La operación duró unas siete horas. "Cuando desperté, mi familia ya me notó mejorado. Yo también. Respiraba mejor". Y a los ocho días, estaba como nuevo. "Volví a nacer. Me regalaron la vida".

La rehabilitación

Luis y Manuel coinciden en que la rehabilitación no ha sido tan dura como pensaban, aunque tampoco quieren transmitir que "esto es un camino fácil". En los cinco primeros años las revisiones son muy frecuentes, ya que es el tiempo en el que hay mayores probabilidades de sufrir un rechazo. Luis acude a las revisiones dos veces al año, mientras que Manuel, operado más recientemente, va cada cuatro meses. A los controles médicos hay que añadirles la medicación diaria. "Y hay que cuidarse mucho", añade Manuel. "Es que hay trasplantados que se creen que con el corazón nuevo puede hacer la vida que llevaban antes. Y es no es así", apunta Luis. Las medidas de prevención son, por lo tanto, el mejor arma para evitar dolencias cardíacas.

"Hay que cuidarse antes de que sea irremediable, y si se tiene algún síntoma, acudir al médico, porque cuanto antes esté detectado, mejor", insiste Manuel. Otro de los mensajes que Atcore no se cansa de repetir es la necesidad de hacerse donante de órganos en vida. La gran barrera que dificulta el desarrollo de los trasplantes es la escasez de donantes.

Solidaridad

Aunque Euskadi, y especialmente Gipuzkoa, son excepciones ya que lideran las estadísticas mundiales en cuanto a número de donaciones, sigue siendo difícil avanzar en este sentido. Sólo un 1% de los fallecidos en centros hospitalarios reúne las condiciones que permiten la donación efectiva de sus órganos.

"Hacerse donante es un acto de solidaridad en vida. Además, evitas que en un futuro tu familia tenga que pasar por el mal trago de donar los órganos una vez ya fallecido", explica Manual. Todo el mundo puede ser donante. Basta con rellenar unos datos en la asociación, que entrega un carné testimonial del compromiso adquirido. En Atcore dicen que es una fórmula para "vivir más allá de tu propia vida".


Consejos

La prevención empieza antes de nacer.

Si eres hipertenso, mejor saberlo.

El colesterol se come la vida.

La obesidad es una buena oportunidad para el infarto.

No existe el tabaco light.

Los estimulantes rompen el ritmo cardíaco.

El estrés es una rápida carrera hacia el infarto.

Matarse haciendo deporte no es hacer ejercicio.

Contrólate, el tiempo es vida, hay que vivirla.

La salud es una labor de todos.

Consejos

Sábado día 2: Los doctores José Antonio Vázquez de Prada, del Hospital de Valdecilla; Juan Galdiz Iturri, de Cruces, y Juan José Goiti, de Policlínica Gipuzkoa ofrecerán sendas conferencias en el salón Kutxa de la calle Andía de Donostia. Será a partir de las 11.00 horas, con entrada libre.