Un péptido antimicrobiano de la saliva humana puede matar al parásito de la leishmaniasis

10-III-08. El hallazgo abre una nueva vía de intervención contra esta ‘enfermedad olvidada’ que afecta a 12 millones de personas. Los autores, en concreto, desvelan el poder leishmanicida de la histatina, un péptido de la saliva que protege frente a hongos

Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto que la histatina, un péptido antimicrobiano presente en la saliva y que el organismo utiliza como primera línea de defensa frente a patógenos, es capaz de matar al parásito que provoca la leishmaniasis. El hallazgo abre una nueva vía de intervención contra esta enfermedad, que afecta a unos 12 millones de personas, principalmente en países en vías de desarrollo.

El investigador del CSIC Luis Rivas, del Centro de Investigaciones Biológicas (del CSIC), en Madrid, explica que el grupo decidió centrar su trabajo en péptidos antimicrobianos, entre otros aspectos, por su alta capacidad de acción frente a patógenos. “Este tipo de agentes constituyen la primera barrera defensiva del organismo. Por eso, se encuentran o son inducidos rápidamente en localizaciones o fluidos corporales que establecen el primer contacto frente a patógenos como es el caso de sudor, lágrimas o saliva”.

De los posibles péptidos, los autores optaron por la histatina por su probada actividad protectora frente a hongos. Este péptido nunca entraría en contacto con el parásito que provoca la leishmaniasis, cuya principal ruta es la picadura de un mosquito, de la familia Phlebotomus. En menor medida, también puede contraerse a través de una transfusión de sangre contaminada o por compartir jeringuillas. Rivas aclara la decisión: “Dado que ciertos fármacos efectivos frente a la leishmaniasis proceden de un desarrollo anterior como fármaco antifúngico, pensamos que la actividad específica de la histatina podría utilizarse contra esta patología”. El investigador del CSIC, cuyo equipo ha contado con la colaboración de un grupo de la Universidad de Ámsterdam, explica cómo actúa la histatina frente al parásito de la leishmania: “El péptido se acumula en la mitocondria del patógeno y compromete su abastecimiento energético, que depende en un 70% de la actividad mitocondrial”.

Nueva vía terapéutica

El poder leishmanicida de la histatina describe una nueva diana contra esta patología, diferente de la farmacología habitual. Asimismo, su capacidad para penetrar en las células sin necesidad de que exista un receptor, sugiere su uso como herramienta nanotecnológica para avanzar en el conocimiento del parásito. “Fármacos, ácidos nucléicos u otros péptidos podrían introducirse en la leishmania, unidos a la molécula de la histatina”, apunta Rivas.

El investigador del CSIC puntualiza que esta nueva línea de investigación también presenta inconvenientes: “El principal problema práctico que podría presentar una terapia basada en histatinas es el alto costo de su síntesis, comparado con fármacos habituales. Sin embargo, una terapia génica, induciendo la expresión del péptido en el lugar de infección, podría solucionar el problema del coste económico”.


De interés

Leishmania, una enfermedad olvidada. La leishmaniasis es una patología causada por diferentes especies de parásitos, todos ellos pertenecientes al género de protozoos Leishmania. Sus manifestaciones clínicas van desde úlceras cutáneas que cicatrizan espontáneamente hasta inflamaciones severas del hígado y del bazo, que llegan a ser letales si no son tratadas a tiempo. En total, la patología afecta a unos 12 millones de personas, con una incidencia anual de nuevos casos cifrada entre 1,5 a 2 millones, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Tratamiento. A la hora de tratar la leishmaniasis, el primer fármaco de elección son los antimoniales orgánicos. “Esta terapia es efectiva por regla general, excepto en pacientes inmunodeprimidos. Sin embargo hay un incremento constante de cepas resistentes, y por otra parte, poseen efectos secundarios muy importantes”, indica el investigador del CSIC Luis Rivas. La segunda línea de actuación es la anfotericina B, con una eficacia muy alta pero elevada toxicidad, excepto cuando se administra bajo formulación liposomal.